Drogas, personas, contextos e ideología
es un artículo de Chus Congil, de ASKAGINZA, publicado en GARA el 1 de agosto de 2001.
drogas y drogodependencias: Txus Congil *
Askagintza
Drogas,
personas, contextos e ideología
Un año sin escribir un artículo de opinión, dedicado a trabajar con madres, padres, educadores, jóvenes, mediadores sociales... en programas preventivos y con personas que sufren problemas concretos relacionados con consumos no adecuados de drogas.
Un año en el que estamos avanzando en la clarificación del fenómeno de las drogodependencias con un debate en el que sólo se deberían confrontar ideas y experiencias. Sabemos que sobre un fenómeno tan mul- ticausal y complejo es lógico que existan diferentes lecturas. Si las mismas son demasiado globales o simplistas puede ser una valoración y una aportación crítica, nunca, en mi opinión, una apología de la verdad.
Y si se dan lecturas diferentes es porque utilizamos modelos distintos de interpretación del fenómeno. Tenemos algunos modelos que el sistema dominante neoliberal capitalista nos impone a través de instrumentos concretos, complementarios y sofisticados.
Por ejemplo, cuando desde el modelo sanitario dan a las drogas el papel de un virus causante de enfermedad demostrando que saben más de enfermedad que de salud. El problema es que el estereotipo de «enfermo» es muy parcial, cuando el sujeto del consumo y de la dependencia es la persona, como lo tiene que ser del proceso de superación de su adicción, si así lo decide.
Por ejemplo, también, cuando desde el modelo jurídico represivo, liderado política y económicamente desde EEUU, dividen las drogas en legales (las que producen y logran beneficios directos) e ilegales (las que dejan a las mafias y la corrupción la gestión de producirlas y venderlas), demostrando la utilización del prohibicionismo para agredir los derechos humanos y conseguir cotas de control político, social e ideológico.
Lógica y desgraciadamente muchos programas que conforman los denominados planes estatales, autonómicos, forales o locales responden a los anteriores modelos de interpretación del fenómeno de las drogodependencias. Claro que dichos planes contienen aspectos positivos, operativos y necesarios. Ahí están los programas de disminución de riesgos, como la expedición de metadona, los análisis de las sustancias, las mejoras de las condiciones en los consumos... El problemas es que los mismos están diseñados desde la lógica del sistema político y económico generador de exclusión, malestar, injusticia, consumismo, individualismo, marginación e insolidaridad, as- pectos que son causas y factores que promocionan los consumos no adecuados de las diferentes drogas.
El modelo de interpretación del fenómeno de las drogodependencias que nosotros utilizamos como colectivo es el psicosociocultural. Tenemos en cuenta una triple dimensión del fenómeno. En primer lugar, las propias sustancias (características, efectos positivos y ne- gativos, calidad, formas de consumo, tolerancias, dependencias psíquicas, físicas, funcionales y las razones de los consumos como la experimentación, el placer, la curación, la diversión, la evasión o el «quitapenas»). En segundo lugar, las personas (valores, actitudes, emociones, habilidades sociales, capacidades para tomar decisiones, comunicarse, expre- sar sentimientos, gestionar miedos, frustraciones, malestares...) Y, en tercer lugar, los contextos (sociales, culturales, económicos y políticos en los que nos encontramos, con una gran influencia en la generación del fenómeno y en sus consecuencias).
Creemos que se están dando cambios históricos y estructurales muy profundos y rápidos. Que los mismos nos están produciendo procesos de malestar, exclusión y desigualdad. Que en Euskal Herria están teniendo unas características especiales, como pueblo en construcción. Sabemos que los conflictos individuales sólo pueden entenderse si se contextualizan e interrelacionan con las lógicas y valores dominantes de la sociedad en la que nos encontramos.
Y creemos que las transformaciones y alternativas sólo las podemos encontrar y construir si salimos de esas lógicas neoliberales, globalizadoras, homogenizadoras y deshumanizadoras.
Por ello, lo más libremente que podemos en el contexto en el que nos encontramos, optamos por una lectura más global e integral del tema drogas, que proponga sobre las drogas información clara y objetiva, calidad de las sustancias, regularización progresiva de su producción, venta y consumo, rechazando las dos caras de la oferta de drogas: prohibicionismo y corrupción; sobre las personas: educación, valores, actitudes y comportamientos solidarios, colectivos, creati- vos, saludables y responsables; sobre las culturas: respeto a la diversidad y a la identidad, intercambio y enriquecimiento mutuos; sobre la sociedad: justicia social, condiciones de vida dignas, respeto a los derechos humanos, y sobre Euskal Herria soberanía y construcción nacional y social.
Desde la ideología neoliberal, basada entre otros aspectos en el consumismo, el hedonismo, el individualismo, el egoísmo, la comodidad, la competitividad y el presentismo, se están promocionando actitudes y comportamientos muy concretos. Lo colectivo prácticamente se olvida, el esfuerzo y el compromiso no están de moda, los ideales, sueños y utopía (libertad, socialismo, comunidad, justicia...) están caducos y, lo importante, es estar en la moda, vivir cómodos, ejercitar el todo vale, el «por si cuela», «a vivir que son cuatro días» y a consumir para ser «moderno».
Nosotros tenemos un gran problema. Queremos ser diferentes, tener una visión global y local del mundo, realizar opciones que comprometan, tener objetivos que generen ilusión y comportamientos que produzcan transformaciones. Y, en este contexto, los consumos de drogas no son neutros, como tampoco lo es anteponer mis intereses individuales a los colectivos de un pueblo.
Autodeterminarse personal y colectivamente, ser sujeto libre en mis relaciones, también con las drogas, son alguna de las razones que me permiten hacerme viejo con dignidad. Para convertirme en un «adolescente crónico» no sólo necesitaría consumir ciertas drogas y resistir el intento patético de conseguirlo. El problema es más profundo. Precisaría también mantener un discurso progre radical, convertirme en un adicto a internet, desarrollar una práctica reformista individualista y apuntarme a un pensamiento neoliberal. Desgraciadamente esto último está en algunos discursos sobre drogas, aunque no son tan sinceros para expresarlo así. Afortunadamente no es mi problema personal, desgraciadamente sí lo es a nivel colectivo. *